Una Carta para Sostenerte_P3

Tal vez, hoy necesitas leer esto...

Una Carta para Sostenerte_P3

Antes de leer:

Las 5 cartas que encontrarás aquí fueron escritas por otras mujeres como un gesto de acompañamiento.
No ofrecen consejos ni soluciones. Puedes leer sólo una o todas, toma solo lo que resuene contigo y deja ir el resto.


CARTA #11

¡Hola mujer maravillosa!

Saludo con mucho amor a esa poderosa guerrera que eres y no me refiero a guerrera porque luches cada día, sino por esa valentía que tienes dentro y que pocas veces reconocemos.

Nos cuesta mucho detenernos a ver todo lo que hemos avanzado y más aún, darle valor a nuestro camino, nos encanta minimizar nuestros logros. Pero eres una valiosa mujer llena de valentía y yo te reconozco tus pasos, cada uno de ellos, por grande o pequeño que haya sido, todos han dejado huella y gracias a ellos eres tan maravillosa en este momento.

Te mando un abrazo lleno de amor y de luz, para que esa luz siga guiando tu camino y te llene de mucha paz.

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CARTA #12

Para ti, que hoy necesitas leer esto:

Si esta carta llegó a tus manos, quizá no es casualidad. Tal vez hoy tu corazón está cansado, tu mente llena de dudas o tu alma necesitando un respiro.

Quiero recordarte algo con suavidad: todo pasa. Nada es permanente, ni los días luminosos ni las noches pesadas. Estás en movimiento, aunque a veces sientas que estás detenida.

No estás sola. Aunque no siempre lo veas, hay una red de mujeres sosteniéndote con su energía, sus oraciones, sus pensamientos y su amor. Mujeres que también han llorado, que también han sentido miedo, y que aun así siguen caminando.

Date permiso de sentir, de parar, de decir que no, de elegirte. Ponerte primero no es egoísmo, es respeto por tu propia vida. Eres hogar para ti misma.

Confía: lo que hoy duele también está formando tu fuerza. Lo que hoy confunde también está mostrando camino.

Respira profundo.

Vuelve a ti.

Aquí estás a salvo.

Con cariño,

Una mujer que también ha estado ahí.

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CARTA #13

Te admiro , te respeto, y ten presente que no estás sola.

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CARTA #14

Quiero compartir un poco de mi historia, que tal vez alguien se sienta identificada o le pueda ayudar a ser resiliente, quizás.

Tengo 33 años y he pasado por muchas cosas que me han afectado mucho emocional y psicológicamente, especialmente en la última década. Nací en una familia donde desde niña experimenté mucho maltrato físico y verbal de mi padre hacia mi madre y a veces hacia mí y mis dos hermanos. Yo, al ser la única hembra, sentía rabia e impotencia hacia las injusticias que vivía mi madre que, aparte, fue engañada y mi papá tuvo dos hijos por fuera del matrimonio; sin embargo, yo desde muy pequeña le decía a mi mamá que se divorciara y por ser ella chapada a la antigua nunca quiso.

Aprendí a vivir con el maltrato, haciéndome la fuerte para defender a mi mamá si hacía falta, ya que mi hermano mayor no hacía nada y al menor creo que le daba miedo mi papá. Así crecimos. Fui a varias terapias psicológicas, pues quería entender por qué tanto maltrato y por qué mi mamá se quedaba; yo solo me llenaba de resentimiento pero la vida seguía. En una terapia, me dijo la psicóloga que mi familia estaba acostumbrada y no querían concientizar, pero yo sí lo estaba haciendo; lo mejor era que me alejara inteligentemente, que terminara de estudiar la universidad y buscara trabajo y luego un alquiler. La cuestión es que no es tan fácil independizarse. Así el tiempo pasó; a pesar de todo siempre ayudaba a mis padres económicamente, pero siempre trataba de buscarme un novio para no estar tanto tiempo en casa. Eso igual me generaba problemas con mi papá, pero era mi forma de escapar de mi realidad.

Estas relaciones terminaban porque me eran infieles y los dejaba. Hasta que llegué a mis 23 años, ya me había graduado de dos carreras universitarias y tenía un trabajo estable. Este hombre me engatusó con palabrería barata y yo caí como protagonista de novela mexicana, jaja, lo digo porque le presté tres meses de mi sueldo y no me lo devolvió nunca. Me prometía casarnos y me fue infiel y pienso que también se metió conmigo como por una apuesta con sus amigos; fue un total canalla, al final se casó en menos de seis meses con otra chica por civil y por iglesia. Eso fue algo muy duro para mí, me deprimió mucho, un golpe muy bajo. Pero luego de un año, conocí al que es ahora mi esposo; ya tenía 24 años y decidí migrar con él y ahí comenzó mi metamorfosis. Al principio todo era bello, sentía que lo amaba con locura, pero al comenzar a convivir fuera del país, alejada de mi familia, sin amigos ni nada, él era el único en quien podía confiar y apoyarme.

Comenzaron los desacuerdos, peleas, diferencias culturales porque somos de nacionalidades distintas. A pesar de eso, como los dos creemos en Dios, decidimos casarnos luego de un año. Seguían las diferencias que se fueron agrandando con el tiempo y pues mi mente solo repetía: "dejé todo —mi empleo, mi familia, mi país— para venir con este tipo a su país y me trata mal, no es justo". Pues en cada discusión ese pensamiento sonaba más hasta que a los tres años comencé a tener pensamientos suicidas cada vez que peleábamos. Pensaba: "prefiero morir que seguir peleando, no me gusta, no me casé para vivir como vivió mi mamá". Como en una de mis carreras vi psicología, me di cuenta en ese punto que tenía depresión crónica y fui a buscar ayuda profesional. También compré una perrita de acompañamiento emocional y luego a su compañerito, eran como mis hijos, dos pomeranias hermosos. Y decidí, luego de la pandemia, ya con cuatro años sin venir a mi país, volver; recargar baterías con mi familia, pasear en mi hermoso país Venezuela para ver si me sentía mejor.

Pues aquí comenzaron mis desgracias. Yo que ya venía con una hernia de columna grado 4 que casi no me dejaba caminar y que tuve que hacer seis meses de fisioterapia; en este viaje, que debía ser para recargar energías, después de casi tres meses de vacaciones muy disfrutadas, cinco días antes del vuelo de regreso, me caigo y se me sale el fémur de la cadera y se fisura, y me mandan reposo absoluto por tres meses. Mi papá, viendo que cambiar el vuelo salía muy costoso, me dijo: "vete en muletas y allá guardas el reposo", y bueno, así hicimos. Uno de mis perritos, el macho, mi "chiki" bello, llegó también como con dolor en una patita y al hacerle rayos X tenía luxación de rótula. Yo estaba en cama y mi esposo decide ocuparse ya que el perro no podía caminar. Un veterinario traumatólogo que fue pura fanfarronería decide operarlo y accedemos, pero en los tres días antes que le hizo exámenes le ponía anestesia hasta para hacer un rayos X, y el día de la operación no duró ni veinte minutos; mi perrito querido murió apenas le pusieron la anestesia. El veterinario se lavó las manos ya que hizo firmar un documento previo a mi esposo. Eso fue un shock para mí; me dolió y me duele como si literal hubiera perdido a un hijo, tanto que creo que se me subió la presión y vomité todo ese día varias veces. Tuve que ir a terapia para intentar superarlo y el psicólogo fue un imbécil que dijo que mi duelo no podía durar más de cuatro meses si era por una mascota. Pues quien no ha amado a un animal no ha llegado a conocer este sentimiento.

Fue muy duro, pero la vida siguió. Compramos a otro perro para hacerle compañía a mi perrita porque ella también se quedó como si perdió un hijo y pues, luego de un tiempo, seguían las peleas con mi esposo. A pesar de eso, estaba tratando de quedar embarazada, ya que en este país no logré tener nada y quería al menos cumplir con parte de mi proyecto de vida y tener un hijo. Seguían las peleas hasta que un día estaba decidida a divorciarme y pues resulta que mi app me avisa que tengo retraso, me hago la prueba y estaba embarazada. Decidí hablar con mi esposo, que ya no me hiciera pelear porque no quería afectar al bebé. Estuvo tranquilo dos meses y luego otra vez comenzó. A mí se me comenzó a subir la tensión hasta que a las 33 semanas, apenas iba a cumplir los siete meses, me internan de emergencia. Mi presión subió a 180/160; pensábamos que iríamos y volveríamos a casa, pero no. Me dicen a las 5:40 de la tarde que me tenían que hacer cesárea de emergencia porque no le llegaba oxígeno al bebé y en una hora ya estaban metiéndome al quirófano. A las 7:40 nació mi bebé y fue una gran alegría, a pesar de que tuvo que estar mes y medio en UCIN con oxígeno y alimentación asistida.

Por otro lado mi papá, el cual era diabético, estaban internándolo en Venezuela de emergencia el mismo día porque le habían amputado un dedo del pie pero no le pusieron antibiótico ni anestesia. Me decía mi hermano que le querían amputar hasta la rodilla para cortar la infección. Yo no sabía nada ya que mi presión seguía muy alta, duré dos semanas así en observación cada hora. Y una semana después de que mi bebé nace, mi papá muere por necrosis ya que la infección se propagó; no le estaban limpiando la herida y no le prestó el antibiótico. Mi perrita estaba embarazada también y parió cuatro bellos cachorros una semana después, pero a los quince días murieron todos los cachorros. No sabemos si fue el clima o si la mamá no tenía leche; no pudimos estar muy al pendiente porque estábamos con nuestro bebé en la incubadora todos los días durante un mes y medio. Luego de que mi papá muere, logro llevar de vacaciones a mi mamá al país donde estoy para que me ayudara con el bebé. Estaba triste por mi papá y mis cachorros y lo que pasó con mi bebé, pero todos me decían que no llorara, que fuera fuerte por mi bebé, y eso hice. Yo quería que mi mamá estuviera bien y trataba de no mencionarle mucho lo de mi papá; ni ella ni yo hablábamos mucho de eso ni llorábamos juntas, yo solo le preguntaba cómo pasó todo porque a mí me estaban ocultando la noticia. A pesar de eso, yo sentía como que ya nos habíamos deshecho del motivo de nuestros sufrimientos. Quise darle momentos felices en el viaje a mi mamá y así fue. Parte de mis metas de niña era darle una casa a mi mamá y vivir tranquilas sin maltrato; estaba viviendo parte de ese sueño.

Por la condición de no respirar bien del bebé, decidí venirme a Venezuela con el bebé tres meses más y pasé los seis meses más bonitos con mi mamá, tanto que no quería volverme a ir del país a pesar de que mi esposo estaba allá. Me fui con la promesa de volver al siguiente año. Luego, otra desgracia: no había pasado ni un año de la muerte de mi papá cuando mi mamá se fue a un full day a la playa con mi hermano menor y el viaje salía en la madrugada. Estaba lloviendo y, así como si fuera su destino, una montaña se derrumbó y una roca de 23 kilos impactó a través de la ventana donde estaba mi mamá y le impactó en la cara y la mató... De 32 pasajeros solo ella salió afectada. Eso fue un shock muy fuerte para mis hermanos y para mí. En ese momento, muy parecido al año anterior, estaba mi bebé ya de un año de edad hospitalizado con bronquitis; no le pude dar el alta solicitada porque estaba grave, así que decidí dejar al bebé con mi esposo y viajar urgente a darle el último adiós a mi madre... Esto, para esta fecha 2026, ya pasó hace casi dos años y pues cada vez que lo recuerdo es como si volviera a pasar, me duele igual.

En 2025, por trámites, tuve que volver a mi casa paterna en Venezuela. Mi hermano mayor se la pasa corriéndome, todo me recuerda a mis padres y su ausencia; Navidad fue extremadamente fuerte y, como dije al principio, tuve una metamorfosis negativa ya que comencé a renegar como mi papá, a gritar e insultar, a estar siempre enojada y triste. No sé si por frustración o por no haber podido pasar los duelos llorando como normalmente se hace. Afrontar mi realidad me deprime mucho; no estoy trabajando y dependo de mi esposo y eso también me hace sentir mal cada vez que me saca en cara que él nos mantiene. A pesar de toda esta bomba de sentimientos y situaciones, a finales de 2025 dije que ya no podía seguir así, que tenía que avanzar, que la vida no puede ser tan dura conmigo. Comencé a decretar cosas buenas para mí y a hacer oración y a concientizar y cambiar algunas actitudes. Y bueno, el lado positivo y bonito que puedo compartir en esta carta en estos dos meses que van de año 2026 es que mi perrita nuevamente tuvo un parto y esta vez de cuatro bellos cachorros que están sanos, fuertes y vivos: cuatro bellas bendiciones para comenzar el año. Y también me compré un apartamento. Cuando murió mi mamá ya no le vi sentido comprar nada, pero le di un nuevo objetivo: darle una seguridad a mi hijo. Y bueno, aquí sigo todavía en la lucha constante, pero poco a poco haciendo cosas positivas para mi vida que me den algo de alegría, agradeciendo lo que tengo y lo que vendrá de antemano, porque Dios es justo y sabe por qué pasamos por pruebas, pero también bendice al que es paciente y confía en Él. Espero esta carta ayude a alguien a tener resiliencia y que de cierta forma le abrace. Bendiciones.

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CARTA #15

Hola, hermosa mujer.

Aquí yo, enviándote un abrazo de luz; esos que te regresan el aliento, que te permiten sentirte vulnerable y llena de paz. A veces nos olvidamos de elegirnos y ponernos como prioridad, pero hoy yo estoy aquí para recordártelo. Mereces voltearte a ver, elegirte todos los días, valorarte, amarte y respetarte por sobre todas las cosas.

Hoy regálate la posibilidad de mirarte al espejo y reconocer tu camino, tus logros, los aprendizajes, tus aprendizajes, y felicitarte por ser valiente, por intentarlo de nuevo, por sonreír a pesar del dolor y la rabia. Hoy agradece a la vida todo lo que sí tienes y aquí estoy a tu lado, sonriéndote y confirmándote que somos una, que aquí hay alguien que te ve con los ojos del amor incondicional… ¡Sí puedes! Sigue adelante.


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